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Claves para un comienzo de clases saludable


A pocos días del inicio del ciclo lectivo, es necesario tomar algunos recaudos para garantizar que los chicos comiencen las clases de forma saludable. Corroborar que tengan las vacunas al día, realizar los chequeos oftalmológicos y odontológicos de rutina y ofrecerles una alimentación variada y nutritiva son algunas de las claves para asegurar un buen rendimiento en la escuela.

Un niño que tiene los controles de salud al día y que se siente bien es un niño que aprende más y mejor. 

Los chicos en edad escolar viven un proceso de crecimiento que implica cambios corporales y adquisición de hábitos, aprendidos de sus propios docentes y también de sus compañeros de grado. Los adultos, por su parte, tienen un papel fundamental en el acompañamiento de los niños en esta etapa, fomentándoles el desarrollo de hábitos saludables.

Además del derecho a recibir todas las vacunas que tratamos en página cinco,  repasamos tres claves para que los chicos estén sanos y fuertes.

Más juego y menos “jueguitos”

Los chicos tienen cada vez menos tiempo libre y lo usan cada vez menos para jugar. Y cuando eso ocurre, mirar la televisión y usar la computadora y las consolas de juego es lo que hacen 9 de cada 10 chicos en su tiempo libre. Entre preadolescentes y adolescentes es aún peor: el 84% de los que tienen entre 10 y 13 años ocupa sus horas libres en hacer la tarea. Son pocos los que practican deportes fuera del colegio, y menos los que participan de actividades culturales.

Según el Comité de Familia y Salud Mental de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) cuando los chicos carecen de espacios de juego "no tienen cómo liberar y descargar su energía lúdica, que cumple un rol fundamental en la formación y socialización de la infancia".

Esa tendencia, a moverse cada vez menos, favorece la aparición de enfermedades crónicas en la vida adulta, que aparecen porque el cuerpo no está diseñado ni preparado para el sedentarismo.

La clave, es reducir al mínimo las actividades sedentarias a menos de dos horas diarias, que inclyan los deberes escolares. En este sentido, el tiempo dedicado a la televisión y los videojuegos es recomendable reducirlo al mínimo.

Operativo antipiojos

Las aulas son lugares ideales para el contagio de los piojos, un problema endémico entre los chicos de edad escolar. De hecho, los especialistas estiman que ocho de cada diez niños tienen piojos al menos una vez durante el ciclo lectivo.

Por eso, los recomiendan a los padres revisar las cabezas de los niños e iniciar un tratamiento antes de empezar las clases. Luego, cuando comiencen a concurrir a la escuela, conviene apelar a lociones o tratamientos preventivos y continuar con la revisión.

Si bien la molesta picazón es el síntoma más conocido de la pediculosis, ésta no es su peor consecuencia. No tratarla suele generar que el rascado desesperado de los chicos provoque microheridas en el cuero cabelludo, lo que a su vez, permite el ingreso de bacterias al organismo procedentes de la materia fecal del insecto y esto puede generar infecciones, irritación excesiva en el caso de las personas alérgicas, costras, supuración y la inflamación de los ganglios.

Aunque el piojo no salta como se suele creer, el contagio es muy simple: se produce por contacto directo de una persona infectada con otra, o bien por compartir elementos que pueden tener piojos, como peines, cepillos, colitas, fundas de almohadas, toallas y hebillas.

 

De nada sirve realizar los tratamientos o sacar los piojos en forma regular con el peine fino si no se toman medidas con esos objetos en los cuales el parásito puede vivir hasta 48 horas. Los especialistas recomiendan que todas las cosas que estén en contacto con la cabeza se laven y, si es posible, se las deje fuera de la casa a una temperatura ambiente baja durante un par de noches.

La caries, la afección escolar más común

Lo ideal es que el cepillado de dientes sea tan natural como lavarse las manos antes de comer. La afección escolar más habitual es la caries dental: afecta casi al 50% de nuestros chicos. Caramelos, gaseosas, leches saborizadas, son peligrosas si no van seguidas por el cepillado después de su consumo. 

La venta en quioscos escolares resulta tentadora. Por pocos centavos se obtienen y se comparten. Pero sus restos permanecen pegados a los dientes durante horas iniciando la desmineralización, primer paso de la caries. 

Dentífricos y cepillo pueden cambiar la historia: una boca rica en fluoruros tendrá defensas extras en el momento de la desmineralización. Por eso el cepillado debe practicarse en familia como algo habitual. 

No se trata de prohibir dulces, sino enseñar en qué momento consumirlos; por ejemplo, estipulando ciertos días de la semana. No hace falta enojarse para que el niño se cepille los dientes, hay que incorporarlo con naturalidad: "antes de comer me lavo las manos, después de comer me cepillo los dientes." ¡Y dar el ejemplo! 

 

 


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